Translate

domingo, 26 de octubre de 2014

Renée Zellweger, tú antes molabas

Jo, Renée, tú antes molabas. 

Lo que has hecho, lo que nos has hecho a todos, merece una explicación. A ver si te crees libre de hacer y deshacer en tu cuerpo como te venga en gana. No, señora, no. Porque aunque abanderemos el lema "nosotras parimos, nosotras decidimos" existe otro que no puedes olvidar así como así: "nosotros te miramos, nosotros opinamos". Y en este último sí que estamos todos de acuerdo. Opinamos, no nos queda otra, y nos sentimos con todo el derecho a juzgar lo que has hecho con ese espacio tan íntimo que es tu cuerpo. Porque tu cuerpo no es sólo tuyo, tu cuerpo es un cuerpo público. Cómo se te ocurre cambiar de aspecto sin consultarnos.

Cómo se te ocurre obligarnos a experimentar algo nuevo al mirarte, a reordenar nuestras impresiones sobre ti, nuestros prejuicios, y realizar una nueva valoración de quién eres y cómo eres. Cómo se te ocurre desconcertarnos de este modo y poner nuestras cabecitas a pensar, a expresar con palabras el descontento que sentimos por tus actos.

¿Cómo se te ocurre saltarte las reglas del juego y dejarnos solos en esta partida, trabajando por aceptarnos, por amar los ojos, la nariz, la boca con la que nos ha tocado nacer y las arrugas que nos van asaltando por el camino?

Quién te has creído que eres, Renée. Por tu culpa ahora estamos en desventaja, desventaja evolutiva para follarnos a quien nos dé la gana.  No nos dejas otra opción que la de aislarte socialmente, porque estás "mintiendo", "engañando", "saltándote las normas" y haciendo que el curso de la partida no sea tan previsible como esperábamos. ¿A dónde iría a parar nuestra estrategia evolutivamente estable si pasáramos por alto tu conducta? ¿Cómo podríamos permitir que mujeres de más de 40 años compitieran por las mismas ventajas sociales que las que tienen 20? Y a falta de hoguera, señalarte con el dedo será más que suficiente. Eh, ésa que va por ahí miente. Ésa que va por ahí no es realmente así. Ésa que va por ahí ha tenido la desfachatez de reinventarse.

No importan los motivos que te hayan llevado a pasar por quirófano; el caso es que lo has hecho y el resultado no nos gusta.

No nos gusta que te hayas operado, porque estás más fea
No nos gusta que te hayas operado, porque estás más guapa.
No nos gusta que te hayas operado porque, en definitiva, estás diferente.

Y sabes que podemos estar descontentos con nuestros órganos sexuales, con la identidad de género a la que éstos nos avocan en la cuadriculada sociedad actual, pero tenemos que aceptar el resto de elementos de nuestra fisonomía, identificándonos con ellos sin rechistar. Así son las reglas: quiérete tal como eres o caerán afiladas sobre ti todas las citas de los libros de autoayuda hasta vaciarte las cuencas de los ojos.

Eres una víctima, Renée. Eres una víctima del patriarcado, de esta sociedad machista, capitalista, materialista, inmadura... Eres una víctima de los cánones de belleza occidentales que oprimen a las mujeres. 

Pobre, la presión social la llevó a operarse.
Pobre, la presión social la llevó a hacerse puta.
Pobre, la presión social la llevó a estudiar inglés.

A ver si entiendes de una vez que tus decisiones, por ser mujer, van a estar siempre tuteladas por gente más lista, más buena o con más pene que tú.

Pero no sólo eres una víctima social. Además estás enferma, Renée, estás mal de la cabeza. Porque aunque nuestro espíritu crítico y rebelde nos haga renegar del DSM en sus múltiples revisiones, nos sentimos con la autoridad suficiente como para endosarte un trastorno mental por haber transformado tu aspecto físico.

Esto no se hace, Renée. Mira a lo que me estás obligando. Me estás obligando a escribir sobre ti y tu decisión de cambiar el aspecto de tus ojos, tus mejillas y tus labios. Y yo, que estoy cansada de que traten de "liberarme" añadiendo nuevas cadenas de metacrilato a mi existencia, que creo que cada quien es libre de hacer con su vida y su cuerpo lo que considere oportuno -siempre que no joda la vida a nadie más- me siento obligada a decirte esta única cosa: Ole tu coño, Renée. 





1 comentario :